En la entrada anterior, nos definíamos como «unos cuantos aficionados críticos tanto con la versión oficial como con las versiones alternativas». En su respuesta, la página (aún anónima) la leyenda del análisis crítico nos reta de esta manera:
21/2/2009 >Respecto a lo señalado anteriormente por los de AC en cuanto a que son críticos con la versión oficial, sería interesante saber en qué son críticos con dicha versión. Estaremos encantados de ver algunas de sus verdaderas críticas, es posible que coincidamos en algo.< Fin de entrada
El error empieza en el planteamiento mismo. Cuando usamos la palabra «crítico» no hablamos de criticar como censurar, sino como juzgarlo, evaluarlo, ponerlo a prueba para comprobar si resiste un análisis. En este sentido, pueden satisfacer su deseo de leer alguna «verdadera crítica» por nuestra parte mirando los artículos de 11-S: Análisis crítico, pues la metodología no es distinta según la versión examinada, ni se trata de creer en una u otra, sino de comprender los argumentos presentados para concederle a cada cual la credibilidad que merece.
No es de extrañar que la versión oficial salga favorecida casi siempre. La cantidad de testigos, material fotográfico, informes de prensa, informes técnicos, pruebas físicas y otras evidencias es abrumadora en su favor y casi todos los intentos de «debunkearla» (si se nos admite la expresión) que hemos visto hasta ahora han resultado falaces, erróneos, fantasiosos o especulativos.
Así, por ejemplo, sobre las presuntas defensas antiaéreas del Pentágono, un oficial dice que no existen, lo cual quizá se puede considerar una «versión oficial». ¿Nos la creemos inmediatamente? No, se contrasta de todas las formas posibles disponibles a nuestro alcance. Por supuesto, no le damos valor al hecho de que miles de páginas web digan que todo el mundo sabe que existen, porque eso no constituye ninguna prueba. Únicamente consideramos aquellas con cierto mérito.
O el manido argumento de que no se veía ningún avión. Vistas las evidencias disponibles en forma de material fotográfico, si queremos emitir un juicio crítico al respecto es nuestra obligación moral presentarlas para que todos las contemplen, junto con una explicación lógica de lo que es esperable en caso de tal colisión. Eso no es óbice para que añadamos esta nota al final del artículo que las muestra:
Resumiendo: es cierto que parte de estas evidencias pudieron ser colocadas a propósito en el lugar (no todas: había muchos testigos presenciando la escena); es cierto que el origen de algunas fotografías no está lo bastante claro como para saberse con certeza si proceden de donde se dice que proceden. Pero en cualquier caso, no hay fundamentos para preguntarse "dónde está el avión".
Sí es cierto que hay unos cuantos aspectos del 11-S por los que censuramos la actuación del gobierno estadounidense. De ellos, algunos caen dentro del terreno sociopolítico, que hemos decidido no meternos públicamente a analizar, y otros consisten meramente en problemas que podían haberse evitado. Hay que aclarar que nos centramos sobre todo en las teorías calificadas como MIHOP (make it happen on purpose, provocar a propósito que ocurra) y no en las llamadas LIHOP (let it happen on purpose, dejar a propósito que ocurra), lo cual explica que no nos pronunciemos sobre muchos de los puntos de las teorías conspirativas. La evidencia en contra de las teorías MIHOP (demolición controlada, un misil en el Pentágono, retraso en la actuación del NORAD, derribo del UA93...) es suficiente como para descartarlas. Sin embargo, no descarta las teorías LIHOP.
Uno de ellos es, por ejemplo, la negligencia de la autoridad portuaria para mantener en buen estado las protecciones térmicas de la estructura de las torres. No sabemos qué grado de importancia tuvo este factor para que las torres cayeran, pero la posibilidad de que fuera determinante tiene unas implicaciones por las cuales los responsables deberían pagar si no lo han hecho ya; en cualquier caso, lo fuera o no lo fuera, dicha negligencia nos parece muy grave.
También ese cierto oscurantismo de los militares a la hora de divulgar más imágenes del interior del Pentágono que muestren restos nos ha resultado frustrante, aunque no sospechoso puesto que es su modus operandi habitual. Al fin y al cabo sí que hay unas pocas, las suficientes para ver que allí hay un avión destrozado. La hipótesis de la falsedad de dichas fotografías nos parece lo bastante improbable como para necesitar evidencias probatorias sólidas por parte de quien lo quiera mantener.
Y por supuesto la resistencia del FBI a hacer públicas las grabaciones de video tomadas en las cercanías del Pentágono, nos ha resultado igual de frustrante pero igual de comprensible. Naturalmente, no compartimos el mito de que el Pentágono es «el edificio más vigilado del mundo» (sin duda Fort Knox, por ejemplo, tiene mayor y más estricta vigilancia) y pensamos que las cámaras exteriores del Pentágono vigilan los respectivos accesos, no el cielo.
Más cosas. El informe de la comisión habla de 10 segundos de tiempo de caída de las Torres. Habida cuenta de la evidencia en vídeo, ese tiempo es irreal y un mínimo de 15 segundos por torre se ajusta mejor; el error no está subsanado hasta la aparición del informe del NIST (es de destacar, sin embargo, que ese aspecto del informe oficial sí es tomado como verdad absoluta por los «truthers», quienes no lo ponen en duda, faltando con ello al sentido crítico más elemental).
Tampoco se ha publicado suficiente información sobre el desarrollo de la investigación del FBI (PENTTBOMB); únicamente sus resultados finales. De nuevo, es así como trabajan siempre, no es nada especial, pero la falta de apertura en la investigación no ayuda a ratificar las conclusiones.
El exceso de celo por parte de la FAA cuando creyó que el AA11 todavía estaba volando, y así informó al NORAD, también es criticable. O su lentitud para informar sobre el secuestro del UA93.
De modo que sí somos críticos con la versión oficial, claro que sí. Por supuesto, lo anterior son sólo algunos ejemplos, no una lista exhaustiva.
Ahora, nos gustaría ver a algún creyente en las teorías conspiratorias aplicar el mismo criterio de verdad a la versión oficial que a las alternativas, que las ponga bajo la lupa de la misma forma. Siquiera de la misma forma que nosotros, comprobando todas las versiones y evaluándolas no por su fuente, sino por su contenido.
Los «truthers» están en clara desventaja debido a la presunción de inocencia. Esa desventaja radica en que ante dos argumentos especulativos contrapuestos, el que presume la inocencia es preferente. Pero, en lugar de afrontar esa desventaja superándola con pruebas sólidas, deciden normalmente ignorarla, dando mayor crédito a la especulación inculpatoria que a la exculpatoria.
E ignorar la presunción de inocencia es andar un camino muy, muy peligroso.